José Antonio de Alzate y la ciencia novohispana
Antes del Real Seminario, antes de del Río, antes de Bárcena. José Antonio de Alzate, sacerdote y polímata, fundó en 1768 el primer periódico científico de la Nueva España y articuló una red intelectual sobre la que se construiría todo lo demás.
La narración estándar de la ciencia mexicana suele empezar con el Real Seminario de Minería en 1792, con del Río llegando a México en 1794, y con los hermanos Elhuyar en la Casa de Moneda. Esa narración es correcta para la fundación institucional de la ciencia experimental moderna en la Nueva España. Pero deja fuera algo importante: hay un periodo, entre 1768 y 1788, en el que la actividad científica novohispana —dispersa, autodidacta, periodística— prepara el terreno cultural sobre el que las instituciones formales podrán echar raíces. Y el personaje que mejor representa ese periodo es un sacerdote diocesano, polímata, periodista, mineralogista, astrónomo y entomólogo: José Antonio de Alzate y Ramírez.
Alzate
Alzate (1737–1799) nació en Ozumba, en la falda del Popocatépetl, hijo de españoles peninsulares. Estudió en el Colegio de San Ildefonso de la Ciudad de México y en la Real y Pontificia Universidad de México, donde recibió las órdenes sacerdotales y, casi de inmediato, las abandonó como vocación principal para dedicarse a lo que entonces se llamaba filosofía natural: el estudio sistemático de los fenómenos físicos, químicos, astronómicos y biológicos.
Era un autodidacta en el sentido propio del término. La Universidad mexicana de mediados del XVIII no enseñaba prácticamente nada de las ciencias modernas; los textos de Newton circulaban con dificultad, los de Linneo apenas, los de la química lavoisierana —que ni siquiera existía todavía— por supuesto no. Alzate aprendió por correspondencia con la Académie Royale des Sciences de París, donde fue elegido corresponsal en 1771; por lectura sistemática de las publicaciones europeas que pudo conseguir; y por experimentación propia, en gabinetes mejorados sobre los fondos personales que la pluma le iba dando.
La Gazeta de Literatura
El proyecto que mejor define a Alzate es la Gazeta de Literatura de México, periódico que fundó y editó casi en solitario entre 1788 y 1795, con varias entregas por mes. La «literatura» del título se entendía en el sentido amplio del XVIII: cualquier producción del intelecto, incluida y especialmente la científica. Cada número de la Gazeta contenía noticias de descubrimientos europeos, comentarios sobre fenómenos locales, ensayos sobre meteorología o agricultura, y discusiones críticas sobre los textos científicos del momento.
Antes de la Gazeta, Alzate había publicado dos periódicos similares pero más breves: el Diario Literario de México (1768) y el Asuntos Varios sobre Ciencias y Artes (1772-1773). Cada uno fue cancelado a los pocos meses por presiones políticas o económicas. La Gazeta, fundada en un momento más permisivo, sobrevivió siete años y fue probablemente la primera publicación periódica de carácter explícitamente científico de la América de habla hispana.
Lo que vale la pena destacar de la Gazeta es lo que no es. No es divulgación pasiva de la ciencia europea para un público indígena. Es una conversación de un científico americano con la ciencia europea, que la critica, la corrige, la matiza desde la perspectiva del conocimiento local. Alzate cuestiona a Buffon en sus afirmaciones sobre la fauna americana —Buffon había sostenido que la naturaleza americana era inferior a la del Viejo Mundo, una idea que enfureció a varios criollos del XVIII— con base en datos que Alzate maneja directamente. Cuestiona, en su obra de 1791 sobre el cultivo de la grana —la cochinilla del nopal—, las descripciones europeas con base en observación detallada del proceso real en Oaxaca.
La química de Alzate
No fue químico en el sentido profesional. Pero sus contribuciones a la química aplicada novohispana, dispersas en la Gazeta y en escritos sueltos, son más sustanciales de lo que la historia general reconoce. Tres ejemplos.
Primero, sus análisis de las aguas minerales del valle de México y de varios manantiales del Bajío. Identificó por procedimientos del XVIII —evaporación, precipitación con reactivos selectivos, comparación de cristales— las composiciones aproximadas de varias aguas, y sus reportes en la Gazeta son los primeros estudios sistemáticos de la composición química de las aguas mexicanas.
Segundo, sus escritos sobre el beneficio de patio y la metalurgia de la plata novohispana. La Nueva España producía durante el XVIII más plata que cualquier otra región del mundo, y la tecnología extractiva —la amalgamación con mercurio, el «beneficio de patio» inventado por Bartolomé de Medina dos siglos antes— era esencialmente una técnica química mal entendida en sus mecanismos. Alzate analizó la operación, propuso modificaciones para reducir el consumo de mercurio, y contribuyó al debate técnico sobre la mejora del proceso.
Tercero, sus análisis de tintes naturales mexicanos —la grana cochinilla, el añil, el palo de Campeche—. La cochinilla, en particular, fue una de las exportaciones más valiosas del virreinato durante todo el XVIII, y Alzate publicó sobre ella un extenso tratado donde la química del compuesto colorante —que hoy llamamos ácido carmínico— se aborda con los métodos disponibles: extracción, comparación con tintes europeos, análisis de estabilidad al ácido y a la base.
La red intelectual antes del Seminario
Alzate, durante los años setenta y ochenta del XVIII, articuló una red de correspondencia y de intercambio que precedió a las instituciones formales. Tuvo intercambio con Joaquín Velázquez de León, José Mariano Mociño, Francisco Antonio Cervantes, todos figuras técnicas de la Nueva España de la época. Cuando la Real Expedición Botánica de la Nueva España, dirigida por Martín de Sessé y Mociño, empezó sus trabajos en 1787, encontró un terreno cultural preparado por la actividad de Alzate y de sus pares durante los veinte años anteriores.
Esta red preinstitucional es lo que la historiografía estándar tiende a omitir. La fundación del Real Seminario de Minería en 1792 no fue un acto de la corona en un vacío cultural; fue un acto que respondió a una demanda local que Alzate y otros habían articulado durante décadas a través de periódicos, tertulias y proyectos personales. La ciencia moderna en la Nueva España no nace en 1792; nace, en su forma cultural, en 1768 con la primera Gazeta de Alzate, y se institucionaliza un cuarto de siglo después.
Coda
Alzate murió en febrero de 1799, en la Ciudad de México. La Sociedad Científica que llevaría su nombre a partir de 1884 —la Sociedad Científica Antonio Alzate, una de las instituciones científicas mexicanas más importantes del porfiriato— recogió ese homenaje. La continuidad simbólica entre la Gazeta de Alzate, los manuales de Río de la Loza y los trabajos de Bárcena no es accidental: cada generación construye sobre las que la preceden, y la cadena de transmisión de la ciencia mexicana del XVIII al XIX es real, aunque sea fragmentaria.
Vale la pena leer hoy a Alzate, no por nostalgia, sino porque pocos textos del XVIII americano dan tanta información sobre cómo se hacía ciencia experimental en condiciones de aislamiento institucional. Quien lee la Gazeta entiende el oficio del polímata sin facultad: cómo se aprende sin profesor, cómo se discute sin pares, cómo se construye una posición intelectual desde el margen. La química mexicana posterior debe a esa figura más de lo que el catálogo formal de instituciones suele reflejar.